Acompañando

Estos son algunos ejemplos de procesos de coaching en los que hemos disfrutado del camino de descubrimiento conjunto.

Hacía tiempo que H. había dejado de dedicarse a lo que estudió, en parte empujado por la crisis y en parte porque había algo que le atraía aún más casi desde el momento de acabar la carrera de arquitectura. Llevaba años formándose para ser terapeuta y ejerciendo desde el voluntariado, a la vez que lo combinaba con trabajos que le permitieran darle tiempo a lo que realmente le gustaba. Quería dedicarse a ello y lo había intentado en el pasado, entre trabajo y trabajo, pero no lo había conseguido. Esta vez quería hacerlo y le acompañé en el proceso.

Pasamos en primer lugar por definir con claridad el objetivo, él se marcó un tiempo y a partir de ahí empezamos a trabajar, con creencias, con bloqueos, con acciones concretas. Ha pasado un año y después de todo su trabajo, se dedica a ofrecer terapia y talleres. Está ayudando a los demás aprovechando su potencial y aquello que se sentía llamado a hacer.


S. estaba en un momento de cambio laboral. Después de mucho tiempo trabajando en una empresa, las condiciones habían cambiado y ella quería cambiar también. Tenía varias opciones sobre la mesa pero no le convencían y buscaba qué quería hacer realmente desde la situación en la que se encontraba. Durante el proceso de coaching atravesamos diversas etapas y en todas ellas S. iba superándose, incorporando una nueva perspectiva a su vida y avanzando gracias a que realmente quería hacerlo.

Un tiempo después, le pedí que me dijera en dos líneas qué le había aportado el proceso de coaching y, como siempre, fue la primera en responder.

Mi experiencia ha sido muy positiva, ya que he aprendido a encontrar respuesta a mis preguntas posicionándome en lugar de los demás y entendiendo que únicamente soy responsable de mis actos o acciones y sólo éstos puedo modificar, siendo suficiente para acercarme o conseguir el objetivo deseado. S., enfermera


M. acababa de volver del extranjero. Tras dos años trabajando fuera, tenía que volver a construir su vida aquí, pero no quería hacerlo exactamente donde la había dejado, sino que, después de una década dedicándose a la comunicación, aprovecharía el cambio para replantearse qué quería hacer a partir de ahora. Para ello, partimos de cero, de los cimientos, de plantearnos qué era importante para ella, qué le hacía sentir feliz, con qué conectaba, qué quería y qué no quería en su vida. Escucharla y ver cómo incorporaba, por ejemplo, la danza, en su nuevo diseño de vida, fue un privilegio.

 


J. se dedica al marketing online y la creación de contenidos. Estaba bien en su trabajo y, en general en su vida, pero tenía una espina clavada: quería escribir, escribir literatura, más allá de lo que escribía por trabajo. A partir de este objetivo trabajamos juntos para avanzar hacia él y que la escritura dejara de ser un obstáculo no abordable para ser algo de lo que disfrutar en su vida.

El proceso de coaching fue muy “positivizante” para mí, en tanto en cuanto me ayudó a liberar algunos bloqueos negativos que me lastraban a la hora de abordar ciertos proyectos personales. Me permitió aprender a enfocar dichos proyectos y mi actitud frente a los mismos siempre desde el punto de vista del “puedo hacerlo y, si no, tampoco es el fin del mundo” frente al “no creo que sea capaz de conseguirlo”. Nunca me había sometido a sesiones de este tipo y me sorprendió tremendamente lo bien que sienta hablar con alguien de cosas que tienes en mente hacer y de tus motivaciones para hacerlas, especialmente con alguien que, como Natalia, puede aportarte herramientas útiles para ayudarte a lograr tus fines y con una empatía natural que la convierte, en mi opinión, en una magnífica coach. J., marketing online y creación de contenidos.


Aunque no es en absoluto lo habitual, con C. bastó con una sesión para ayudarle a aclarar sus ideas. En el proceso de coaching una de las cosas más liberadoras es el convencimiento de que la persona a la que acompañas es la que tiene las respuestas y, simplemente, le ayudas, a través de la escucha activa y de algunas preguntas, a que sea capaz de manifestarlas, de ver con mayor claridad qué es lo que quiere o qué es lo que le está frenando. Como coach intentas encender luces y a veces, cuando la duda es concreta y la respuesta estaba al caer, basta con la luz de una estancia. Unos meses después de aquella sesión, C. había acabado su doctorado.

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